La trampa de la felicidad: Entendiendo nuestras emociones pasajera
- leidy hidalgo
- 6 jun
- 2 min de lectura
Muchas personas pasan toda su vida en una carrera interminable en busca de la felicidad. Creen, erróneamente, que llenarse de cosas materiales y alcanzar metas externas garantizará su bienestar. Sin embargo, cometen el error de buscar la felicidad fuera de ellos mismos.
La ilusión de la felicidad permanente
La felicidad es muy subjetiva y no existe una verdad absoluta sobre ella. Para quien consigue dinero, esa es su felicidad; para quien tiene un hogar, esa es su felicidad; para quien logra ser el mejor en un deporte, esa es su felicidad.
El verdadero problema surge cuando depositamos nuestras expectativas en esos momentos de alegría. Los momentos, por definición, son pasajeros. Si basamos nuestra paz en obtener "algo", fallamos en el intento: ¿qué pasa cuando ese algo ya no está? Pretender que la felicidad sea un estado permanente es una ignorancia total.
La humanidad de nuestras emociones
Saber que las emociones hacen parte de nuestra humanidad nos quita un peso de encima. Nos libera de la autoexigencia de permanecer en un solo estado emocional. Es momento de dejar de huir de las emociones "incómodas" y comprender su verdadero propósito:
La ira y el enojo: Llegan para establecer límites, defendernos o avisarnos que algo está vulnerando nuestra integridad.
La tristeza: Su función es procesar una pérdida, ayudándonos a sanar y a reflexionar internamente.
El asco o el miedo: Actúan como mecanismos de protección y supervivencia ante situaciones que nuestro ser identifica como dañinas.
Una tarea indispensable para el bienestar
Comprender para qué llega cada emoción es una tarea que todo ser humano debe emprender, de lo contrario, viviremos en el deseo constante y el sufrimiento. La asesoría y consejería emocional nos permite integrar estas emociones en nuestra vida, no para sufrir con ellas, sino para aprender el mensaje que traen y transitar hacia un bienestar más auténtico.




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